jueves, 29 de abril de 2010

Noche Vampirica en Nezhin - Alexandre Milcosh

Era ya la media noche, cuando la doncella tocaba asidua su violín, a lo lejos, más allá de donde se enfilan las colinas de los cipreses, las dulces notas del violín golpeaban como estacas el corazón del joven ermitaño a quien todos consideraban extraño. Nezhin era un pueblo pequeño en ese entonces, todos se conocían entre si, pero la llegada de aquel ermitaño hace ya algunos años solo había traído preocupación y temor al pueblo, aquel joven de mirada lejana y ojos pálidos como el invernal cielo causaba temor con tan solo verle pasar. La joven hija del Conde Volochek, quien usualmente tocaba su violín todas las noches, al parecer sentía en la lejanía el sentimiento de un admirador que más que admirar sus notas melancólicas parecía querer estar en el lugar de sus sentidos mas escondidos; pero eran esos sentimientos que acompañan al ser solo en los estados en los que ya no importa la vida sino el sentimiento mismo , en esos estados traumáticos que solo entienden las almas o las mentes enamoradas, el joven ermitaño a lo lejos escuchaba las notas del violín pero... Pero dentro de su interior se enfilaban sus sentimientos más ocultos.

Corría fría la noche en ese otoño de 1698, de las calles empedradas se levantaba la neblina, y tan solo los pasos del joven ermitaño resonaban cual cascos de caballos en una marcha militar... De frente a sus pálidos ojos grises se levantaba imponente el castillo del Conde...

Por la mañana en todo Nezhin se escuchaban los rumores de una joven que había sido cruelmente asesinada la noche anterior, su cuerpo había aparecido en las afueras del pueblo, uno de los pastores de la villa cercana lo había encontrado, la pobre joven estaba destrozada, al parecer algún animal salvaje le había destrozado el cuello. Para la gente del pueblo esto era inaudito, solo pensaban en el joven ermitaño que vivía en aquella colina, allá donde los búhos hacían nido en aquellos altos cipreses, al parecer y para la creencia de todos ese joven extraño pertenecía a la maldición de los nosferatus. Ya los líderes del pueblo habían mandado llamar unas semanas atrás al sacerdote Stankres, experto en eliminar vampiros y brujas, para que terminara con la maldición de Nezhin, aquel joven de cara lánguida y ojos profundos que nadie ve durante el día, pero que por miedo jamas tendrían la voluntad de acercarse a él.

Llegada la noche una inmensa luna llena se divisaba desde aquella colina a la que la gente del pueblo había ya tomado miedo, el ermitaño en aquella fría noche se preparaba para sus habituales caminatas nocturnas, llegada la media noche él siempre salía a recorrer las calles empedradas de Nezhin, de nuevo como todas las noches el se acercaba al inmenso castillo del conde, para escuchar en silencio las notas fugaces del violín de la joven hija del conde. Pero esa noche solo el silencio invadía el vacío en el que el joven vivía, no había luz en aquella ventana, no había vida más allá de sus propios deseos, era como si la doncella ya no estuviese en aquel lugar.

El joven se creyó perdido, pues esas escasas notas que se escapaban de aquella ventana eran su única felicidad en medio de ese eterno mar de melancolía en el que vivía sumergido, se atrevió a entrar al castillo y averiguar por si mismo que ocurría con su platónica doncella. De repente con una fuerza innata se levanto por los aires hasta aquella ventana cerrada que tanto lo desesperaba; levitando a unos cincuenta metros del suelo frente a la ventana de roble, él decidido hizo con una sola palabra que la ventana se abriera de par en par; el joven de ojos grises se acercó tímido al lecho de la doncella, nunca la había visto con sus ojos pero si con sus deseos; al lado de su doncella sus almas danzaban al son de los espectrales cantos de las lechuzas, esas que revoloteaban en el sin fin de la fría noche, él la miraba: sus largos cabellos negros jugaban en la mas hermosa armonía entre las blancas perpetuas sabanas. El joven se acerco a la doncella, el calor del cuerpo de la hija del conde inundó el alma agónica del joven, sus manos espectrales al sentirla cerca se percataron de la tenue calidez de la vida; el joven estaba maldito, al sentir el calor de la sangre de la muchacha sus instintos asesinos, instintos ganados ochenta años atrás, se enfurecieron. El muerto en vida, sin alma y sin sentimientos ante la vida y el calor de la doncella, se sentía desesperado; ella lozana, joven y hermosa; él maldito por la saga de los vampiros, un nosferatu, un muerto vivo.

Un grito se escucho en la noche! Como si un estruendo de guerra hubiese anunciando el armagedón.

El joven de ojos grices caminaba solo por las calles empedradas de Nezhin, ni siquiera los perros sentían la presencia del ermitaño, inmortal por el asesino clan de los nosferatu, "- Incubo intruso, herido por la vida": se decía así mismo el inhumano joven .

En la madrugada un hermoso corcel blanco se acerca a Nezhin , aun faltan unas horas para que el sol despunte sobre la fría mañana otoñal, un joven sacerdote se acerca a la plaza del pueblo en busca del sacerdote local, una actitud decidida y al seguro servicio de Dios, serían las tres y media de la madrugada, el sacerdote al sentirse un poco oprimido por la necesidad de los habitantes de aquel pueblo maldito había decidido cabalgar esa frían noche de noviembre, al adentrarse en el pueblo estaba un poco extraviado; divisó la silueta de una persona al final de la calle bermeja por la que cabalgaba, al acercarse al extraño habitante del pueblo, sintió un pavor desconcertante y sin pensarlo dos veces preparo su ballesta, "- Quien vive", gritó sin hallar respuesta alguna, detuvo su caballo y en menos de un segundo aquel ser se había abalanzado sobre el desde los cuarenta metros que guardaban de distancia, el sacerdote que era joven y corpulento pudo liberarse de la fuerza infernal de su opresor, al mirar la cara del habitante se dio cuenta que este tenía largos colmillos y que había acabado de asesinar pues estaba totalmente embadurnado de sangre, esta aun le resbalaba fresca por el cuello y la boca, con la suerte de haber recogido la flecha del suelo, asustado y agotado por la descomunal fuerza que había aplicado sobre el vampiro, con tal de evitar que este lo asesinara. Antes que el vampiro lo atacara de nuevo Stankress armó su ballesta, y con la más fina puntería atravesó el pecho del nosferatu que ya venía fiero por los aires en busca de más alimento.

Ya medio día, en la estancia de doña Thera se comentaban los sucesos ocurridos durante la madrugada: la llegada del sacerdote Stankress, la muerte del joven ermitaño, cuya real historia solo la sabían el sacerdote y sus víctimas. El vampiro había muerto. Pero la más rumorada noticia fue la muerte de Krhissobel, la hija del conde, todos estaban extrañados ante la muerte de la doncella, pues según la versión del doctor McGoovney el cuerpo de la muchacha no fue violentado en forma alguna, no aparecieron marcas en su cuello, ni una sola gota de sangre sobre sus sabanas o sus ropas, no se vieron magulladuras, ni muestras de asfixia, o de males ajenos a su voluntad o a la de Dios, solamente murió como si su alma la hubiesen arrebatado. Al parecer la dulce Krhissobel murió de amor.

FIN

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