jueves, 2 de septiembre de 2010

Angeles Caidos



Es el cruce del tiempo y de la hora.

Se repetirá el sonido de nuestros pasos en cada escalón y en cada muro de la casa, lo mismo nuestras sombras que se agrandan tal vez por el temor que sientes de estar envuelta en este manto de noche conmigo, en este culto a las sombras, en este resguardo al arribo del día. Sin embargo no debieras de temer, en muchas cosas somos iguales: También yo te temo, también yo te sueño.

A mí también me gusta la lluvia y los días grises, me traen recuerdos.

Dicen que llueve porque alguien que esta lejos, muy lejos, te quiere; es agradable pensar en ello, suponer que alguien te extrañará apenas te llenes de ese aroma que deja la muerte, impregnando de él toda tu piel, tu cama, tu miedo.

Lo siento no quería hablar de cosas desagradables, solo trataba de conversar, quiero demostrarte que no somos tan distintos, que respiramos el mismo aire que mueve las hojas de los árboles, que nuestra sangre es roja dulce y deliciosa; que aborrezco la luz, pues esta solo me a mostrado los defectos físicos de la gente que quiero pero no me deja ver mas allá.

¿Opinas distinto?, Anda dilo; piensas que soy un monstruo porque me sientes detrás de ti sin ver mi reflejo en el espejo, por que volteas y ya no me encuentras; por que mi sombra se escabulle entre tus pensamientos, no temas, ellos están salvos conmigo.

Que bueno que no creas en nosotros, en cierta forma te lo agradezco.

No hace falta usar mascaras en esta vida, tampoco te sirve esa cruz sino crees en ella.

Créeme, yo tengo una que jamas me hace caso; tal vez por que no fui nunca muy devoto, mi devoción era por otro motivo, le tengo devoción a tus ojos, no los cierres, no te escondas en un suspiro. Deja calmar el temblor de tus labios, eso, quita los dedos y déjalos hacer a los labios lo que saben, entrégate toda.

No tengas reservas de lo que tú eres y de lo que yo soy, eso ya no importa ahora.

Anda, ven acuéstate, puedes prescindir de las sabanas, no harán falta.

El frío lo podrás controlar con el pensamiento; también al viento, a los lobos o a las ratas.

Abrázame.

Créeme que nada he visto más hermoso que tu rostro, que nada es más bello que esa expresión de tus labios entreabiertos. Quisiera robarte un beso; recorrer de una caricia todo tu cuerpo, enredarme entre tus piernas, sentir como correspondes
a mi cariño. Te amo ...

Sabias lo que eso significaría y no te importó. Arrancaste ya la cruz de tu cuello, has cambiado, ya no eres la misma. Te paseas de noche por tu casa mirando a ningún lado, duermes de día; a tu madre la has obligado a tener las cortinas cerradas, te vistes de negro.

No sonrías, ya no es limpia, tampoco tu rostro que se ha tornado pálido, tampoco tus manos, tampoco tu sangre. ¿Qué te paso? ¿Por qué no eres más ese ángel que eras? ¿Qué te hice por dios?, Por ese dios que me ha condenado, maldita sea mi sangre, ¡Maldita mi especie!.

No rías mas por favor.

No me abras los brazos para ofrecerme consuelo.

Que consuelo podrías darme.

¿Ya no me quieres?

Pues entonces mátame

Aunque parezca lo contrario también puedo morir.

Soy lo que quise ser.

Tu me odias por haber hecho esto. Y yo te amo.

Creo que ninguno de los dos habrá de sobrevivir al otro.

Me gustabas mas antes, antes de esta hambre y esta sed eternas. Cuando solo venias en sueños y no te atrevías a hacerme el amor, cuando te temblaban los dedos antes de acariciarme.

¡Demonio!

Eso soy.

¡Ángeles caídos!

Eso somos... 


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